miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cuba, una música aparte

HOY EN DÍA en México, resulta casi imposible hallar un restaurante donde uno pueda comer y conversar en paz. O nos bombardean con música horripilante a todo volumen, o ponen —también a todo volumen— uno o más televisores, casi siempre con algún partido de fútbol. Con frecuencia ponen música horripilante y fútbol. Parecería que le tenemos horror al silencio y al buen gusto. Como si toda calma fuera preludio de un desastre.

No es así en todo el mundo. De hecho, creo que sólo es así en la república mexicana. Si bien es cierto que cada país —incluso cada ciudad— tiene su propio estilo y rasgos culturales propios, algunas culturas sobresalen en ciertos ámbitos. En cuanto a la música en restaurantes y espacios públicos, Cuba ocupa un lugar aparte.

Cuando escuché un conjunto tropical tocar en la plaza de la Catedral entre las mesas que allí se colocaban para que la gente tomara café, su mojito y su daiquirí, me pareció un detalle agradable. “Tocan muy bien”, comenté sorprendido, pues uno está acostumbrado a que los músicos callejeros en México toquen de la patada. Pero pronto descubrí que éstos no eran callejeros, y que en casi todos los restaurantes y plazas se presentan diario diferentes conjuntos y músicos profesionales de estilos muy variados —desde el son y boleros hasta jazz y clásico—, y que todos pertenecen al Ministerio de Cultura.

El nivel de los músicos cubanos es en general tan alto, que hasta los callejeros se llevan de calle a algunos de nuestros profesionales. Ahí mismo en la Plaza de la Catedral, en un descanso del conjunto que tocaba, se presentó un espontáneo con aspecto desaliñado, algo sucio; uno podría haberlo confundido con un teporocho mexica. Pero de repente empezó a cantar a cappella una de las rolas del Buena Vista Social Club. De inmediato se impuso su presencia. Todos lo escucharon con atención mientras bailaba, y él mismo agregaba los efectos de percusión con explosiones de boca. Al terminar, soltó un aullido perfectamente entonado.

En ese momento se acercó un policía a correrlo, pero la gente no lo permitió: ¡Otra, otra! gritaban todos al unísono. Al policía no le quedó de otra, y el señor empezó a cantar de nuevo. Se echó cuatro canciones al hilo, con todo y percusiones bucales. Este señor, bien vestido y con un conjunto atrás, habría sido todo un espectáculo. Si lo era él solito…

Tal vez habría que aclarar que gran parte de los músicos cubanos que tocan en hoteles, plazas, etcétera, ya no tienen trabajo fijo en orquestas porque la economía cubana simplemente no puede sostenerlas. Son músicos de primera con preparación de conservatorio, víctimas de dos sistemas contradictorios e inoperantes: el capitalismo salvaje (de donde vienen los turistas que les dan de comer) y el comunismo anquilosado (que los preparó pero que no puede aprovecharlos ni darles de comer).

Eso sí: los cubanos cantan y bailan en la calle de manera natural. Y también saben apreciar el silencio, el fondo indispensable para toda buena música.

3 comentarios:

Marìa Teresa Pèrez Cruz dijo...

Sandro:
Creo que la "inexplicable" alegrìa de los cubanos, radica, precisamente, en no estar inmersos en el consumismo atroz que mencionas, ese que te obliga a vestir, oler, comer,acumular, amar y vivir de acuerdo a los modelos establecidos por el capitalismo. Aunque sus carencias materiales son enormes, se salvan de la tendencia que la persona tiene de ahogarse en lo colectivo, de la preocupasiòn por el prestigio social, de la incapacidad de divertirse y disfrutar de la naturaleza, de la inconciencia de las personas que le rodean. Aunque se debe impedir la perpetuaciòn de la pobreza, el sistema capitalista no garantiza la "felicidad" de las personas, pues es èste sistema el que conduce a la desdicha por no poseer los bienes materiales que tiene el de al lado. Es tal nuestra preocupaciòn por acumular, que nos olvidamos de disfrutar lo que tenemos, de gozar la compañìa de los amigos y de la familia, del contacto humano en general.
Cuando visite la isla en el 2000, tambièn me enamore del calor humano de su gente y porsupuesto de su ritmo y musicalidad.
Saludos, Tere.

Carmen Violeta dijo...

Hola, no sé como recibí esta entrada sobre música callejera, pero el tema me interesa. Es cierto que México es especialmente ruidoso, pareciera que aquí el fondo natural para cualquier sonido es el ruido. Pero también creo que Cuba no constituye un parámetro, pues al estar al margen del capitalismo, se encuentra también al margen de ciertas formas de consumo; la manera en que del capitalismo de consumir música se caracteriza por un abuso del volumen, gracias a modernas bocinas, y del predominio de la música grabada por sobre la música en vivo. En el personal, prefiero un músico callejero mexicano vivo, por más que la afecte la mendicidad, al mejor de los intérpretes que uno pueda escuchar, detener, repetir hasta la monotonía más exasperante.
saludos
Carmen Avendaño

Clemente Alvarado Franco dijo...

Buenas noches maestro Sandro: leí esta serie de textos sobre cuba, le cuento que hace años atrás, cuando el EZLN estaba entrando al zócalo, mi esposa regresaba de un viaje de cuba, ella me contó lo que vio, las carencias, la forma de vida y todos sus problemas.

"Leer es un acto de humildad, de devoción, de reverencia"
http://bocanadadeniebla.blogspot.com/
La literatura es el arte más subversivo