domingo, 4 de noviembre de 2007

Cuba, tan cerca y tan lejos

Aunque podría parecer inmortal, sabemos que los días de Fidel Castro están contados. Castro, tan inteligente como irracionales han sido los gobiernos sucesivos de Estados Unidos, ha creado —junto con su mística— una de las mayores incertidumbres políticas de América Latina. Nadie, ni siquiera los cubanos, tiene idea de qué va a suceder cuando Fidel, por fin, abandone el escenario.

He estado sólo una vez en Cuba, a fines de julio y principios de agosto de 2004.

Pese a mi fervor socialista de juventud, la cercanía de la isla y la simpatía que sentía por su música y literatura, no había tenido la oportunidad, el tiempo o el efectivo para hacer el viaje. Pero por fin pude visitar el país de José Martí, Celia Cruz y Alejo Carpentier. Sin invitaciones oficiales, armado sólo con una cámara fotográfica y una grabadora digital, me lancé a recorrer la Habana, sobre todo La Habana Vieja, que —como el Centro Histórico de México— está enterrada en su propia historia, pero se ven simultáneamente sus muchas capas.

Imposible resumir en pocas líneas las impresiones, sensaciones, emociones, frustraciones, tristezas y alegrías que allí pude experimentar. Además, no quisiera caer en todos los lugares comunes del caso. Aun así, algunos lugares comunes lo son por algo: encierran fenómenos —no diré verdades que valen la pena analizar y discutir.

Siempre siento una gran emoción cuando llego a un lugar desconocido. Pero esta emoción fue rápidamente reemplazada por otra, parecida a la que sentí al llegar a Colombia y a Argentina, la de sentir que estoy en otra provincia de mi propio país, o la de sentir que México es provincia de un solo país de cultura hispanoíndia con fuertes matices africanos, según la región. No cabe duda de que México y Cuba comparten una cultura común con variantes tan curiosas y fascinantes como definitorias. Tendemos a destacar las diferencias antes de fijarnos en las semejanzas, pero éstas son igualmente importantes.

La primera obviedad que solemos olvidar es ésta: aquellos españoles que salieron a conquistar México lo hicieron desde Cuba. En otras palabras, los conquistadores europeos de Cuba pertenecían al mismo pueblo y la misma época que Hernán Cortés y compañía. Jugaban en el mismo equipo y traían el mismo uniforme, con todo y que tenían sus rencillas internas. Esto explica las enormes semejanzas en el trazo de las calles, la arquitectura y hasta el habla de nuestras gentes, sobre todo si pensamos —tocante a esto último— en Veracruz y La Habana. Si el habla cubana —o sus muchas hablas— se parece más a la andaluza y la de la costa veracruzana y tabasqueña, que a la del Distrito Federal, se explica por la contundencia de la presencia india en el altiplano, cuya cultura milenaria enriqueció desde hace mucho la que trajeron los europeos. Otro tanto sucedió, con influencia maya, desde Chiapas hasta Yucatán y Guatemala. Son diferencias importantes, definitorias, pero que subrayan nuestro origen común por ambos lados, el español y el indígena.

Mientras el líder indiscutible de la revolución cubana languidece —nadie sabe cuánto durará—, vale la pena seguir reflexionando sobre nuestra relación con esta isla tan cercana a nosotros, pero que a partir del momento en que la derecha llegó al poder en México, ha parecido tan lejana.

1 comentario:

Apostillas literarias dijo...

Querido Sandro, leo tu texto y recuerdo que fue exactamente lo mismo que me sucedió a mi la primera vez que visité La Habana. Muchas sensaciones. La he visitado otras veces y sigue provocándome muchas cosas, las más bonitas.

Dices que "a partir del momento en que la derecha llegó al poder en México, ha parecido tan lejana", no se, no quiero entrar en polémica, solo dar una opinión: ¿Será que los mexicanos somos tan débiles y tontitos para que nuestras preferencias y amores se nos vayan por que siete años de lo que llamas derecha así lo ha decidido? Y digo "lo que llamas derecha" porque antes, los 70 años del PRI, ¿no eran de derecha? una derecha que se llevaba bien con el gobierno cubano, o eso parecía. Yo siempre he creido que más bien no querían meterse en líos políticos, el colmillo era enorme (o es), demasiados años en el poder. Después, con Fox, si que fue un desastre. Veremos ahora.

Ojalá que cuando Fidel Castro falte no se meta EEUU a "traer la democracia" a Cuba. Ojalá que sean los cubanos, y sólo ellos, quienes decidan el camino a seguir. Pero lo dudo, ya ves lo sucedido: 186 votos en la ONU a favor de que se quite el embargo a Cuba, y EEUU se hizo sordo. Increible, y más increible es que todos los demás (el mundo) no hagamos nada. Aunque quizá aunque hiciéramos, tampoco escucharía nada. Nada me gustaría que ver a los cubanos en total libertad de todo y en todo.

Y muy cierto, el Puerto de Veracruz y La Habana se parecen mucho, y en muchas cosas: como hablan, la comida, la alegría de las personas, los bailes, etc.

Buen inicio de semana
Magda