martes, 30 de octubre de 2007

Cortinas de humo

Las encuestas pueden ser engañosas. A veces muy engañosas. La que publicó María de las Heras en Milenio el 15 de octubre es un buen ejemplo. No carece de valor pero incurre en errores básicos que se reflejan en las respuestas. Se trata de las opiniones de los habitantes del Distrito Federal respecto de la Ley de Protección a No Fumadores, promulgada por la Asamblea Legislativa de la capital mexicana.

De las cinco preguntas que se plantearon, sólo la segunda y la última se hicieron de manera neutra. La primera fue: “A usted en lo personal, ¿qué tanto le molesta que la gente fume en lugares públicos como los bares, restaurantes, loncherías, discotecas, etcétera: le molesta mucho, no lo soporta; le molesta pero no tanto o de plano le da igual?”). Aquí contestó el 67 por ciento que sí le molestaba —sea mucho o no tanto—, y el 33 por ciento respondió que de plano le da igual. Esto parece estar más o menos de acuerdo con el hecho de que el 78 por ciento de los encuestados no son fumadores.

La segunda rezaba: “En la Ley […] se les pide a los dueños de los lugares que separen con una pared el área de fumar y el área de no fumar. Según su experiencia, ¿qué tan viable es poner un muro que separe el área de los fumadores […]? El 52 por ciento respondió que sí se puede, sea fácilmente o con cierta dificultad, mientras que el 48 por ciento pensó que de plano no se puede poner en todos lados un muro que separe. Lo que me extrañó en esta pregunta —o tal vez debía ser una pregunta aparte— fue la ausencia de otra posibilidad sobre la cual no se hizo indagación alguna: que se prohíba fumar totalmente en aquellos lugares donde no puede erigirse un muro efectivo. Y más, aunque me vaya como en feria con los lectores que me creerán intolerante: que se prohíba fumar totalmente en lugares públicos. Esto haría innecesario la construcción de muros, no importa el tamaño del establecimiento.

Este punto, aunque sé que resulta sumamente impopular con los fumadores, es muy importante porque no sólo se trata de la clientela. En México, por desgracia, únicamente se habla de los clientes y si es práctico erigir muros. Pero también se trata de los trabajadores que no tienen opción: están obligados a tragar humo, les guste o no. Como no abundan los empleos, se hallan en un estado de total indefensión. O se exponen constantemente a grandes concentraciones de carcinógenos o pueden ir a pedir chamba a otra parte. Más sobre esto después…

Las otras preguntas fueron planteadas capciosamente. En la primera, por ejemplo, se pregunta si los dueños de bares, restaurantes y loncherías pondrían efectivamente el muro de separación entre fumadores o no fumadores. Hasta ahí la pregunta iba bien. Pero después preguntan si no sería motivo para que los inspectores cobraran mordidas. Si ésta fue la pregunta central, debió haberse planteado de esta manera: “¿Considera usted que esta ley sirve primordialmente para que los inspectores puedan cobrar mordidas, o cree que de veras fue concebida para proteger a los no fumadores?”. No entiendo por qué se entreveraron las dos preguntas que no se hallaban en el mismo nivel. Por supuesto, por la manera en que se planteó, el 70 por ciento opinó que muchos no pondrían el muro de separación y que es otro pretexto para que los inspectores cobren mordidas. La pregunta llevó a los encuestados de la mano a fin de que respondieran así.

La tercera y cuarta preguntas, de plano, son cínicas o por lo menos bañadas en mala leche. La tercera: “Cuando usted o sus hijos salen a divertirse, ¿qué le preocupa más en cuestión salud [sic]: inhalar el humo que suelta el cigarro o los problemas que pueden causar en los lugares o en las calles las personas que beben?”. Aquí doña María mezcló la gimnasia con la magnesia. El alcoholismo y el tabaquismo son adicciones graves y, además, emparentadas. Preguntar cuál preocupa más es como preguntar si uno prefiere morir calcinado, congelado o por una caída del vigésimo piso de un edificio. De todas maneras el resultado es el mismo. Poner estas adicciones en competencia de manera que pese más el problema del alcoholismo (40 por ciento), parece restar importancia a la adicción al tabaco, la cual es un problema de salud que puede considerarse pandémico si se toma en cuenta los altísimos índices de consumo de cigarros, sobre todo entre la gente más joven (los que, al parecer, no respondieron a esta encuesta).

Lo que me sorprende de la cuarta pregunta radica en que, a pesar de que es capciosa, el 73 por ciento respondió que sí era prioritario que la Asamblea del Distrito Federal abordara esta ley antes que discutir otros temas. (El 41 por ciento consideró que era “muy prioritario”, y el 32 por ciento, que era importante pero no tanto). Aun con la manera tan capciosa de haber sido planteada la pregunta, sólo el 27 por ciento optó por responder que no era nada importante

Ya sé que se me van a echar encima tras publicar esta reflexión, pero me arriesgo. En México pensamos que eso de las “áreas de no fumar” es una vacilada, que estamos copiando a Estados Unidos y otros países, que es otra manera de joder a la gente, de restarle libertad, de controlarla, tratarla como si fuera menor de edad. Pero estamos mortalmente equivocados. Soy consciente del inmenso placer que muchísimos fumadores derivan del tabaco. También sé que son adictos. Las tabacaleras inyectan su producto con un sinnúmero de sustancias químicas que logran el efecto que trae embelesados a los fumadores. Eso algo fríamente calculado, y nosotros, como sociedad, lo permitimos. Hasta hace poco ni sabíamos que las compañías lo hacían así. Hasta la fecha la mayoría de las personas lo ignoran, sean en el sentido de que lo desconocen o de que no le hacen caso.

La adicción al tabaco es sumamente nociva porque, entre otras razones, es mucho más difícil de vencer que la adicción a la cocaína o la heroína. La diferencia está en la velocidad en que mina al organismo: tarda años, muchos. Cuando el adicto se ve obligado a reconocer los estragos, muchas veces es demasiado tarde.

El tabaco no emborracha ni es alucinógeno. Pero se vuelve indispensable para que el fumador pueda realizar hasta las funciones más básicas: pensar con claridad, digerir los alimentos y expulsarlos ya digeridos, calmarse, ponerse en movimiento, convivir… Si en esta lista hay elementos contradictorios, es parte de la nocividad del cigarro: sirve para despertarnos y también para tranquilizarnos cuando estamos angustiados o nerviosos. Nos levanta cuando nos sentimos deprimidos, y cuando nos sentimos muy bien, sirve para prolongar ese estado de ánimo tan placentero, como sucede después de hacer el amor. Es la droga perfecta. Lo malo está en que, al hacernos adictos al tabaco, perdemos la capacidad de regularnos sin tabaco: de calmarnos, de ponernos en alerta, de gozar de la tranquilidad e incluso la euforia. Y el precio de usar el tabaco para —simplemente— vivir es una serie de enfermedades no sólo dolorosas sino en extremo debilitantes, espantosas y, además, caras. No sólo para quien las padece sino para nuestro sistema de salud pública (IMSS, ISSSTE y otros institutos). El costo no es sólo individual sino colectivo, y esto afecta a todos: fumadores y no fumadores.

Existe muchísima presión para que el no fumador se reprima su disgusto por el cigarro, o para que no externe su deseo muy sencillo de no exponerse a un veneno. Y es veneno; que no nos engañemos. En muchos restaurantes, aun los grandes, se aparta áreas ridículamente pequeñas para los no fumadores, e incluso así les llega el humo. ¿Cuál es el resultado de esta distribución? Los no fumadores tienen que esperar mesa mucho más tiempo que los fumadores, los cuales pasan y pasan. A veces esperan el doble, o más. Pero he constatado que, entre los adultos mayores de 35 años, son los no fumadores quienes más frecuentan estos restaurantes.

¿Por qué la resistencia, entonces? Sospecho que se debe a que los estados anímicos que produce el tabaco también conducen al consumo de alcohol, y lo más caro en los restaurantes no es la comida sino la bebida. Todo esto es una mezcla en extremo venenoso, inspirado en la codicia de todo un sistema que explota a personas vulnerables: jóvenes que desean parecer maduros, maduros que desean parecer jóvenes, gente de pocos ingresos que, al fumar, se imaginan poderosos.

No sé si estamos listos para que se prohíba totalmente el consumo de tabaco en lugares públicos. A muchos —incluyendo a algunos de mis amigos— les parece una medida fascista. Es así porque no toman en serio los efectos del tabaco; se ríen y los menosprecian (hasta que les da cáncer, insuficiencia cardiaca o cualquier otra de las enfermedades cardiorrespiratorias que el tabaco produce o empeora, sin mencionar el deterioro prematuro del cutis, el retraimiento de las encías, la caída de piezas dentales…). Y la adicción es tan severa que, aun conectados a un respirador, continúan fumando. Así conocí a Elena Garro en su casa de Cuernavaca. No podía dejar de fumar. Todavía, colectivamente, vemos el cigarro como algo romántico, de suma elegancia. Pero esta elegancia desaparece al ver cómo un ser querido lucha por respirar, que algo de oxígeno entre en sus pulmones, mientras chupa —entre toque y toque de oxígeno— el veneno sin el cual no puede vivir, pero que lo está llevando directamente a la tumba. ¿Es una forma de suicidio? ¡Claro! ¿Tiene uno el derecho de quitarse la vida? Tiendo a pensar que sí. Pero no tiene el derecho de poner en riesgo la vida de otros.

Esto nos devuelve al planteamiento anterior: uno puede elegir entre comer un restaurante donde respirará el humo, o no. Pero los empleados no tienen esta opción. Es la razón de mayor peso para prohibir totalmente el acto de fumar en público. La segunda opción sería erigir esos muros y que los patrones contraten únicamente a meseros fumadores para trabajar en esas áreas.

El tema de la corrupción me tiene sin cuidado porque cualquier ciudadano se da cuenta de inmediato si un restaurante o bar cumple con los requisitos: si no, puede hacer la denuncia con su teléfono celular. Si el establecimiento insiste en no cumplir, sería difícil ocultar la corrupción que lo protege y que agrede a los no fumadores.

Lo que está sucediendo en México ya tuvo lugar en otras partes. En Nueva York, por ejemplo, los opositores a la ley (allí era de prohibición total) pusieron el grito en el cielo, que tendrían que cerrar sus negocios, que era fascismo, etcétera. Pero no sucedió así. Al contrario. Tal vez se perdieron algunos clientes, pero se ganaron otros, muchos más. Los muy adictos pueden fumar afuera y, luego, volver a entrar.

Soy mal ejemplo, pero una de las razones por las cuales no voy a ningún bar o cantina no tiene que ver con una supuesta aversión al alcohol o a la bonhomía. Me encantaría entrar a tomarme un tequilita o una copa de vino. No lo hago porque me asfixio con el humo de tanto cigarro.

En conclusión, a diferencia de lo que sugiere María de las Heras mediante sus preguntas capciosas, éste no es un tema frívolo. Ella es fumadora y lo aclara, afortunadamente, en su artículo. No le deseo ningún mal por fumar, como no se lo deseo a ninguno de mis amigos fumadores ni a nadie. Ya sé que el cáncer es como la ruleta rusa: a algunas personas jamás les va a dar aunque fumen cuatro cajetillas diarias. Pero las estadísticas que se han llevado cuidadosamente en muchos países a lo largo de medio siglo indican con toda claridad que las probabilidades de contraer toda una gama de enfermedades, por causa del cigarro, suben sensiblemente si uno fuma, o si es obligado a inhalar humo de segunda mano.

No soy fascista. Sólo quiero que se hable claro de un tema de salud pública que no debe menospreciarse.

16 comentarios:

MJS dijo...

Lastima y extraña que alguien sensible y sensato caiga en todos los lugares comunes repetidos sin pensar para promover la última forma de discriminación socialmente aceptada, la que se ejerce contra los fumadores. No, no es verdad que sea privativo de México que se crea que la "lucha antitabaco" (que no lo es) "es otra manera de joder a la gente, de restarle libertad, de controlarla, tratarla como si fuera menor de edad", eso también se percibe y se dice abiertamente en países más "avanzados" (no sé en qué, pero así suele decirse) como los europeos.

La coartada de los riesgos cancerígenos del "humo de segunda mano" (al que se añade ahora el "humo de tercera mano", conformado por ¡el aliento de alguien que fuma y que según los más fanáticos también mata!) ha sido demolida una y otra vez, sólo para que reaparezca como una de esas convicciones de la "seudomedicina de comadres".

Si el tabaquismo causa daño, los fumadores lo saben. El tema del humo de segunda mano no está debidamente validado, pero en este debate se olvida que sí está validado que las emisiones de los automóviles y de numerosas industrias son indudablemente cancerígenas además de tener otros muchísimos efectos perniciosos en la salud, destrozando mucosas, provocando cánceres, afectando la digestión, etc. Pero el presupuesto destinado a la reducción de las partículas cancerígenas de las emisiones automotrices es minúsculo comparado con los presupuestos dedicados a la lucha contra los fumadores, y la presión ejercida contra quienes "permiten usar el auto" es infinitamente menor que la que se ejerce contra el que "permite fumar" en un establecimiento público. El tamaño y poder político y económico de los implicados es una de las causas de que esta cortina de humo se mantenga.

No, no hay estudios confiables, contrastados y científicamente aceptados que afirmen que el cáncer en no-fumadores es "culpa" del tabaquismo de otros y no de la contaminación automotriz (cada no-fumador que usa auto media hora al día contamina cientos de veces más que un fumador empedernido), industrial, la exposición a diversas sustancias químicas (por otro lado deseables y benéficas) como los conservantes alimenticios y los polioles, o una mutación en los ácaros del polvo, todos hechos concomitantes con la exposición al tabaco. Quienes atribuyen todo cáncer del aparato respiratorio de los fumadores y de los no fumadores que están en las inmediaciones de un fumador únicamente al tabaco, caen en una afirmación científicamente inadmisible y claramente falsa, si consideramos que el tabaco no tiene ni el 0.02% de las más de 3,600 sustancias carcinógenas identificadas, la mayoría de las cuales son desconocidas por la gente y contra las cuales con frecuencia no hay acción alguna (no hay, digamos "día contra el jabíon de manos", que también contiene varios carcinógenos").

La vinculación entre la adicción a la nicotina y otras adicciones es aún menos sostenible, es una elucubración falaz, y no me extraña que no se ofrezcan fuentes contrastables para sustentarla.

Sólo por aclarar que, en lo personal, me mueven la ética y la convicción de que la libertad es un bien demasiado preciado como para dejarlo en manos de los políticos y los vaivenes de una opinión pública con frecuencia desinformada y fácilmente manipulable (que igual puede ser homófoba que antisemita si se publican suficientes artículos que afirmen horrores sin demostrar por parte de homosexuales y judíos, por poner un ejemplo), hace siete meses dejé de fumar y no pretendo volver a hacerlo, y como no fumador, si me molesta que alguien fume, considero más humano, ético y razonable quitarme yo que llamar a la policía o a los políticos o a todo un estado nacional para que le peguen, lo quiten, lo multen o le prohíban fumar junto a mí. Pedir prohibiciones y "mano dura" al gobierno nunca ha sido buen negocio para la ciudadanía común.

Las leyes no están diseñadas para que fumadores y no fumadores convivan de la mejor manera posible. Su objetivo es que la gente deje de fumar para contentar a cierta vertiente del ecologismo desinformado y al atavismo islamojudeocristiano que sigue detestando que alguien disfrute de un placer, y como el disfrute de todo placer es pecado, venga una solución final para los fumadores, que se les nota que disfrutan, los muy desgraciados, de sus tubitos de tabaco.

En las inmortales palabras de Shakespeare, "Fat chance, dude". Todo prohibicionismo policiaco ha dañado gravemente a las sociedades que lo imponen.

Mauricio-José Schwarz

Sandro Cohen dijo...

Querido Mauricio-José:

¡Parecería que todo estaba fríamente calculado para que tú aparecieras después de tantos años de ausencia! ¡Cuánto gusto me dio descubrir que las iniciales MJS eran tuyas! ¡Y felicidades por haber dejado de fumar!

Obviamente, hemos leído estadísticas diferentes, hemos tenido experiencias diferentes y no estamos de acuerdo. Pero eso no me molesta. Me da gusto que hayas aparecido por acá y te mando un gran abrazo. Ojalá que pronto te veamos por estas calles de México...

Sandra dijo...

A mí no me parece tan despreciable la idea de que se "prohíba" fumar en lugares públicos. No se trata de coartar la libertad de nadie.
En lo personal, me molesta físicamente el humo del cigarro (mareo, náusea, dificultad para respirar, etcétera), pero también me parecen absurdas las propuestas de nuestros legisladores.
Para mí está claro que se trata de un tema de salud pública, más no de discriminación social o de "joder a la gente".

Apostillas literarias dijo...

Sandro, definitivamente estoy en desacuerdo total con las prohibiciones. En España pasó lo mismo, se protestó mucho por la prohibición, por dar un ejemplo entre muchos. Por otro lado, me parece muy inteligente lo que dice MJS respecto a todo esto, para que repetir lo que él dice, mejor no lo podría decir yo respecto a las prohibiciones y sus supuestos porqués.

Saludos, Magda

Sandro dijo...

Estimada Magda: Creo que hay una confusión. Hay de prohibiciones a prohibiciones. Yo también estoy en contra de la "prohibición" per se, como la prohibición del alcohol y la prohibición de las "drogas" (sustancias controladas). Estoy en favor de que las drogas salgan del control de los narcotraficantes y que se comercialicen, controladamente, entre los adultos que desean usarlos, bajo su riesgo. Lo mismo pienso del alcohol. Cuando se habla de la Ley de Protección al Fumador, no se está hablando de la prohibición del cigarro. Que fume quien quiera y le guste. Lo que no me parece, con todo respeto por mis amigos que piensan de manera diferente, es que yo tenga que tragar su humo si deseo comer en un restaurante o cafetería. Me parece una imposición grosera que no tengo por qué aguantar. Esto, lo sé, me ha llevado a ser antisocial, a no asistir a bares y cantinas, y son muchos los restaurantes a los cuales simplemente no puedo acudir por el pequeño problema del humo. Pero los que más me preocupan son los meseros --hombres y mujeres-- que tienen que tragar ese humor a fuerzas. Sólo quería aclarar eso: estoy en contra de la prohibición del cigarro. Estoy en favor de la libertad de cualquiera de poder respirar aire limpio (relativamente limpio, pues) en lugares públicos.

Raquel dijo...

Estimado Sandro:
estoy completamente de acuerdo contigo, es innecesario sufrir de falta de oxígeno por estar respirando el humo ajeno. Yo fui fumadora más de dos décadas (por eso sé que fumar es un placer y una adicción, mmm esos puritos con vainilla..., lo dejé por falta de oxigenación y al desintoxicarme hallé que tenía los pulmones llenos de alquitrán) y aunque a veces lo tolero, en ocasiones prefiero no ir a sitios donde sé que mi libertad de respirar a pleno pulmón será restringida. Lo mismo que con la contaminación a plena calle, que tenemos que respirar ante la alternativa... Por otra parte, siempre he desconfiado de las encuestas y en particular de las que tienen las respuestas dirigidas como acertadamente comentas.
Raquel Huerta-Nava

Apostillas literarias dijo...

Si, Sandro, lo comprendo. También uno debe de respetar el que tu no desees tragar el humo si deseas comer en un restaurante o cafetería, eso te lleva a no asistir adonde se realizan estas acciones. Pero también hay que pensar que quien fuma tampoco tiene porque no hacerlo en un lugar adonde hay espacio para fumadores. A mi me sucede con el alcohol, me cuesta mucho trabajo estar en lugares adonde se consume alcohol en abundancia y más si las amistades con las que estoy lo toman de esta manera, y me cuesta trabajo por muchas razones, pero ello no me lleva a pedirles que no lo hagan o a pensar que es una grosería que tomen adonde yo estoy, porque no lo es, al igual que quien fuma no lo hace como grosería sino por adicción.

También pienso en tantas cosas que nos molestarían de pensarlas...

Pero entiendo perfectamente a lo que te refieres.

Sandro dijo...

Raquel, Magda, Sandra: para seguir puntualizando, hay una gran diferencia entre tomar alcohol y fumar cigarros en establecimientos públicos: por mucho que algunos tomen, el líquido va únicamente a SU boca, esófago y panza. No contaminan el ambiente. De veras compadezco a los fumadores, aunque se burlen de mí y me tachen de todo de lo que me han tachado. Y los compadezco porque sufren de una adicción muy difícil. Si ellos desean continuar alimentándola, son libres de hacerlo. Si desean dejar de fumar, tienen mi apoyo. Pero mientras continúan fumando en lugares públicos, están agrediendo (aun sin querer) a los que no desean fumar. Aprovecho, además, para reiterar mi actitud libertaria: considero que el uso tanto el alcohol, el tabaco y otras drogas, incluidas la mariguana, la heroína, la cocaína, las anfetaminas, etcétera, no deben ser penalizadas sino comercializadas ordenadamente, sólo para adultos conscientes de sus riesgos. Esto eliminaría la narcoviolencia (como antes hubo mucha violencia relacionada con la prohibición del alcohol en Estados Unidos). Y en todos los casos, el que use esas sustancias no debe imponer su gusto a otros. Sobre todo, tiene que ser absolutamente responsable de las consecuencias de sus acciones.

MJS dijo...

Querido Sandro,

Un gran gusto leerte y discutir racionalmente contigo como aquélla lejana noche cuando nos conocimos en persona en tu casa.

Dicho eso, repito que mientras no se den fuentes de estudios bien realizados, debidamente publicados en journals, contrastados y replicados sobre el "peligro" de los humos de segunda y tercera mano (el de cuarta mano será el letal aliento de quienes han cruzado un saludo con alguien que conoce a un malvado fumador), no dejará de ser una conveniente leyenda urbana para justificar una brutal discriminación de los "holier-than-thou" que, en el mejor de los casos, criminaliza a la víctima de una adicción y, en el peor, es una cacería de brujas vergonzosa.

No me felicites por dejar de fumar, ejercí mi libertad como la ejercí fumando, y defiendo las dos con igual convicción porque son la misma.

Y no dejaré de asombrarme de ver a personas que atraviesan sonrientes las nubes de carcinógenos de parrilladas varias, que transcurren sin más problemas entre gruesas nubes de emisiones de gasolina y diesel pletóricas de peligrosísimas sustancias, que utilizan con alegre abandono jabón, pasta dentífrica, aerosoles y detergentes contaminantes y compuestos con sus respectivas cantidades de sustancias cancerígenas pero que sufren violentos accesos de problemas respiratorios a la vista de un pitillo encendido y militan contra éste y no contra los otros problemas que son, a sus ojos, conceptualmente indistinguibles.

Siempre he sido de asombro fácil, quizá. Pero sí me horroriza que, desde que dejé de fumar, mis amigos fumadores se sientan culpables de disfrutar su tabaco cuando vienen a mi casas, habiéndoseles machacado con una campaña de odio y desprecio que no soportaríamos que se osara intentar contra ningún otro grupo humano. Deberíamos sentirnos avergonzados.

"Tolerar" no es sólo un verbo, pues. Debería ser una actitud más difundida que "prohibir".

Abrazo,
Mauricio-José Schwarz

Sandro Cohen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sandro Cohen dijo...

Mauricio, no comprendo lo que quieres dar a entender cuando dices que no son "confiables" los centenares de estudios -independientes unos de otros- que se han realizado acerca de los efectos del tabaco en el ser humano. Puede que uno que otro tenga fallas, pero más de 50 años de estudios sí establecen con bastante contundencia que fumar es dañino para salud, muy dañino.

En mi blog con textos de apoyo, reproduzco un artículo que se refiere a un estudio reciente realizdo por la Harvard School of Public Health, acerca del aumento de nicotina (11 por ciento) de 1997 a 2005.

No hallo cómo incluir en este comentario la liga de hipertexto, pero lo verás si vas a:
http://sandrocohenapoyos.blogspot.com/

Es la entrada correspondiente a hoy, 2 de noviembre.

Claro que hay otras fuentes de cancerígenos, o carcinógenos (es lo mismo), y no todos los seres humanos poseen la misma susceptibilidad. Hay quienes padecerán cáncer sin jamás haber fumado o estado cerca de fumadores, y habrá fumadores empedernidos que nunca enfermerán. Pero la generalidad estadística, que me parece confiable, nos indica que fumar sí es sumamente dañino, en términos generales. A mí no me gusta jugar a la ruleta rusa.

A raíz de tu primer comentario, he revisado fuentes de varios países y llegan a conclusiones muy similares. Incluso uno de los sitios que mencionas, WikiCancer, también incluye estudios acerca de los efectos del tabaco que tú, al parecer, refutas.

¿Todos estos estudios, de tantísimos países, realizados por tantísimos estudiosos que no se conocen entre sí ni tienen nada que ver, son producto de una conspiración en contra de las tabacaleras? ¿Les divierte engañar a la gente con "mumbojumbo" seudocientífico?

Por favor, para que yo pueda entender tu argumento, dime por qué consideras que el cuerpo de estudios acumulados no es confiable.

Y, sea como fuere, creo que esto no afecta el derecho de respirar aire libre de humo de tabaco, muy aparte de los otros problemas que padecemos y que, también, debemos atacar. ¡De acuerdo!

Y sí te felicito porque, cuando alguien hace algo positivo para sí mismo o para el prójimo, es razón suficiente para felicitarlo.

A ver cuándo te das una vuelta por estas partes.

MJS dijo...

Estimado Sandro,

Creo haberme expresado mal. Los efectos negativos del tabaco en el fumador están perfectamente documentados, pero no son problema más que del fumador. Los problemas del llamado "humo de segunda mano" y del recientemente creado "humo de tercera mano" son los que no están debidamente validados. El pánico conveniente nació de un estudio de 1992 de la EPA, que posteriormente se dictaminó que era anticientífico y carente de validez. En España se adujo un estudio de la OMS que resulta que dice lo contrario, lo políticamente más incorrecto: "La exposición al humo de tabaco ambiental no estuvo asociada con un riesgo mayor de cáncer de pulmón" ni en adultos ni en (¡horror!) niños.

Esto no niega que pueda haber un riesgo, pero si no está debidamente demostrado y medido, mejor ser cuidadosos con nuestro afán prohibicionista y de llamada al estado para que nos salve de los malos metiéndolos a la cárcel y persiguiéndolos, y tomarnos una dosis de tolerancia. Asuminos muchos riesgos, el del consumo de grasa animal, de viajar en auto, de subir montañas y otros muchos riesgos que valoramos en función de más de una dimensión simplista.

Por otro lado, los efectos dañinos del humo de la gasolina en quienes están expuestos a ella están más que validados y confirmados... pero ello deja fríos a los cruzados de la nicotina (no hay entrada contra ello en tu blog, exempli gratia). ¿Conviene más machacar a unos hedonistas aunque no haya pruebas firmes que luchar contra el poder económico por muchas pruebas que haya? La desproporción sólo se explica por la creciente indefensión del fumador. De nuevo, si alguien promoviera leyes para que fumadores y no fumadores convivan, atendiendo a los derechos y gustos de ambas partes, los apoyo. Pero ninguna ley "antitabaco" es así, todas son "antifumadores", expresión de superioridad en la que una supuesta debilidad moral del hedonista lo hace merecedor del castigo aplicado por los autoproclamados justos. Es escalofriante, de verdad.

No espero convencerte, sólo te llamo a moderar una visión que, quizás, es más perniciosa de lo que parece a ojos de quienes están inmersos en la corriente de la corrección política de la discriminación aceptada socialmente. "Primero vinieron por los comunistas..."

Mauricio-José Schwarz

Sandro Cohen dijo...

Querido Mauricio, nadie quiere eliminar a nadie; ni comunistas ni judíos ni priístas ni panistas ni perredistas ni homosexuales ni novelistas ni poetas ni periodistas ni nadie ni nada.

Ya vi el caso que citas. Esto fue hace 10 años y no sé en qué quedó. Por lo visto, fue una bronca entre una tabacalera y la EPA. No sé si hubo apelación; supongo que sí. Esos documentos son realmente engorrosos de leer. En mi blog con textos de apoyo,
http://sandrocohenapoyos.blogspot.com/,
he puesto un reporte cuya última revisión data del 4 de enero de 2007. Y hay cualquier cantidad de documentos adicionales de diferentes partes. ¿Realmente sigues considerando que todos están equivocados acerca del humo de segunda mano? Yo ni sabía del de tercera mano, así que ahí paso.

Lo bueno de todo esto es que nos obligamos a investigar más y ser más críticos. Ya hacía mucho que no polemizábamos... Te extrañaba.

MJS dijo...

Sandro,

Revisaré los datos a los que haces referencia. Sólo destaco dos asuntos: primero, la pregunta "¿Realmente sigues considerando que todos están equivocados acerca del humo de segunda mano?" implica una falacia de falsa atribución, pues no puedo "seguir considerando" algo que nunca consideré en primer lugar ("todos están equivocados"), y tiene ese desagradable tufillo a "¿Sigue usted pegándole a su mujer?" que no tiene sitio en un debate serio. Segundo, que me habría gustado leer algo tuyo sobre las cosas que sí dije: tolerancia, leyes para la convivencia y no para disfrutar el garrote del estado contra el adversario, satanización del placer, exageración de un peligro menor y olvido de un p3eligro mucho mayor, libertades y humanidad, etc.

Como dije al principio de todo: lastima y extraña.

Mauricio

MJS dijo...

Querido Sandro,

He visto tu blog asociado, y en él un informe de un encargado político estadounidense, que hace una serie de afirmaciones y ofrece "pruebas de apoyo" que, por desgracia, no califican como tales.

Una "prueba", en el complejo pero confiable mundo de la ciencia, está conformada por un estudio que cumpla con los requisitos esenciales: un fenómeno definido, una hipótesis falsable sobre el fenómeno, un estudio o investigación con un protocolo claramente definido y un estricto control de variablas para poder someter a prueba con eficacia la hipótesis y un seguimiento exacto que, al presentarse en forma de "paper" científico permite que otros científicos los reproduzcan y confirmen, afinen o contradigan. Cuando las "pruebas" son afirmaciones simples, pueden ser políticamente correctas, pero no son evidencia suficiente para actuar contra personas con gustos, deseos y actitudes legítimas. Me recuerdan mucho a las afirmaciones del "racismo científico", a Hans F. K. Günther y a Ludwig Ferdinand Clauss.

¿Sobre bases como ese reporte vago se reprime a un grupo humano? Be afraid. Be very afraid. Y no pretendo exagerar esto, sólo resaltar el nivel de alarma social propagandística que subyace a este debate. Cuando la irracionalidad ha entrado por la puerta de una casa social, lo toca todo, lo contamina todo, y pagan los débiles, siempre, siempre pagan los débiles. Todavía no veo a un antifumador abandonar su auto consciente de que contamina más que los objetos de su odio. A ninguno en todo este planeta. ¿No es preocupante?

Abrazo,
Mauricio

Jeannine Kibalchich dijo...

Buenos días Sandro: Me permito dar mi opinión en el tema del cigarro y sus consumidores. Fui fumadora durante muchos años, aunque hace 25 años que lo dejé totalmente. Uno de los hijos que viven conmigo, fuma entre 3 y 4 cajetillas diarias, que son aproximadamente 60 pesos diarios, ya no puedo con esa carga -ese es otro problema- Concuerdo contigo en que deberían prohibir fumar en todos los restaurantes, sobre los empleados, las cocinas están -casi siempre- separadas por paredes, los meser@s sí son los afectados. Aunque creo que lo que debe atacarse en forma muy seria es a la industria tabacalera y los que manufacturan los cigarros, habría que exigirles que hicieran cigarros exclusivamente de tabaco, sin aditamentos, para que los fumadores chuparan tabaco puro, tal vez en esa forma, les causaría menos daño. Y lo que sería ideal, sería que esa industria se acabara, que cambiaran de giro. Un saludo cordial. Jeannine