jueves, 4 de octubre de 2007

Pequeños detalles


¿Qué sucedería si todo el mundo se rebelara en contra del lugar común? ¿Qué pasaría si, en lugar de ver el fútbol por televisión, saliéramos a jugarlo? ¿Cómo afectaría a la estabilidad mundial la posibilidad de no ver reality shows, y que en lugar de esto, todo el mundo escribiera su diario: su personal bitácora de emociones, pensamientos y hechos reales? Más todavía: ¿Qué sucedería si en lugar de ver esos programas y escuchar talk shows, nos sentáramos a hablar entre nosotros, entre amigos o en familia, de todo lo que nos gusta o nos angustia? ¿Qué desastre ocurriría si, en el Periférico, en lugar de atajarle el paso al que necesita cambiarse de carril, lo dejáramos meterse al nuestro —delante de nosotros— tranquilamente y sin hacer aspavientos?

Es vasto el catálogo de pequeñas cosas que podríamos hacer para cambiar nuestro entorno y nuestra vida. Por ejemplo, saludar de buen modo al vecino cascarrabias que siempre ve hacia otro lado cuando se nos atraviesa. No tirar el papelito en la calle sino guardarlo para depositarlo después en cualquier papelera. Abrir la puerta para la persona que nos sigue, o dejar que pase primero. Ceder el paso al peatón cuando conducimos por las calles de nuestra ciudad: a nosotros también nos tocará estar en su lugar…

En épocas de gran incertidumbre, como ésta, cuando la economía anda de capa caída y hay mucho desempleo, son los detalles los que pueden matizar para bien o para mal nuestra existencia cotidiana. En otras palabras, puede que nos falte dinero, que los acreedores estén encima de nosotros, que nos haya dejado la novia o que haya perdido nuestro equipo favorito —situaciones que no siempre podemos controlar o remediar a corto plazo—, pero la vida está hecha de mil minucias que son capaces de cambiar nuestro ánimo. Y con buen ánimo, todo puede suceder…

Para empezar, es necesario salir de la espiral económica y meterse, por ejemplo, en otra poética. No caería mal, en este sentido, leer ese poema de Horal, de Jaime Sabines, que empieza:

El mar se mide por olas,

el cielo por alas,

nosotros por lágrimas.

No importa que en el poema aparezca la tristeza. Enchufarse en el infortunio ajeno alivia al propio porque nos damos cuenta de que no estamos solos.

Segunda sugerencia: ir caminando por el Centro Histórico y meterse, solo, a cualquier lugar que usted no conozca: un museo, una iglesia, un pasaje misterioso, un parque escondido y decadente donde aún se respiran los años 40… Hablar con un niño, darse cuenta de que todavía hay pájaros en el Primer Cuadro. ¿Nunca lo ha sorprendido un concierto al aire libre? ¿El portento de escuchar un cuarteto de cuerdas, surgido de la nada, cuando ni siquiera pensábamos que la música pudiera irrumpir en nuestra rutina? ¿Alguna vez se ha topado con una pintura que nunca había visto, y que al verla lo cambió para siempre?

Esto no sucede todos los días, pero cuando se da, es algo realmente precioso, invaluable, y de consecuencias impredecibles. Un cuadro, un poema, una canción…, incluso un ocaso o un amanecer pueden cambiar radicalmente nuestra manera de percibir el mundo. Pero tenemos que estar preparados para recibir y aprehender el estímulo. Es preciso abrirnos a las posibilidades. Casi siempre andamos en modo cerrado porque nos encontramos a la defensiva. De vez en cuando debemos recordar que hay momentos cuando es recomendable y hasta necesario cambiar ese switch, de closed a open. ¿Cómo está el suyo ahora…?

Lo realmente importante para nosotros, por lo menos en primer término —lo que afecta directamente nuestra manera de ser y percibir el mundo—, no son las guerras ni los escándalos políticos. Pero puede cimbrarnos la bailarina que se rebela en contra de la gravedad para convertirse en algo súper humano, un ideal, la belleza. Hay bibliotecas públicas donde nos espera una revelación, un suspiro, un remanso. Hay sonrisas que podemos dar o recibir, brisas que esperan ser sentidas, aromas en busca de quien los aprecie, besos que temíamos dar, pero que alguien espera… Son detalles pequeños, pero fundamentales.





9 comentarios:

Anónimo dijo...

Este tiempo en que sola he vagado, tratando de recordar el canto de los pájaros, que hasta hace unas décadas dejaban ver su colorido en este rico valle de lagos desecados; de respirar el aire de esos bosques de oyameles, encinos, y pinos, hoy desmontados, hoy potreros, hoy caseríos; escuchar el fluir de los manantiales, hoy entubados para saciar sedes mezquinas y arrastrar heces milenarias; este tiempo triste, en que la belleza se escurre de nuestros ojos, Sandro, se mide en sin-tí-metros... ojalá tu clara mirada de poeta estuviera siempre presente.
Arcadia.

mariana dijo...

Coincido contigo en la importancia de los peque�os detalles. Esa sonrisita apenas esbozada del peque�n Sebast�an llenan un mundo.
Respecto a la econom�a de capa ca�da: M�xico el principal comprador de autos de lujo y sede de la 2da. -casi 1�- fortuna del mundo. Desempleo? te has fijado que ahora casi todo viene de China! Solo falta que de ah� venga el pl�tano Tabasco!!!
Los peque�os detalles nos oxigenan la vida, pero las estructuras pol�ticas y econ�micas la fastidian.

Anónimo dijo...

Lo ùnico que nos puede fastidiar es lo que permitimos que nos fastidie. Que importa el tráfico si nos damos cuenta que el tiempo lo podemos aprovechar para meditar. Que importa una enfermedad si gracias a ella puedo fortalecerme.Todo tiene su lado positivo hasta la piratería y las cosas chinas. A mi me hacen empeñarme en buscar productos mexicanos de calidad. Sandro, gracias por la señal.

Itzel Danae M.D. dijo...

Sucede que siempre estamos demasiado ocupados como para prestar atención en esos mínimos detalles. Nos enseñaron que la felicidad llega de repente y como resultado de un gran esfuerzo personal, como un estado nuevo y brillante: distinto al que nos rodeaba antes. La realidad es que la felicidad la vamos construyendo poco a poco y, en efecto, con cada momento trivial que convertimos único. Admiro desde hace mucho a ese chiapaneco.

Una gran reflexión.

Saludos, profesor.

Itziar dijo...

¿Cómo le haces para atinarle a lo que tienes que escribir? Hoy, por la mañana, hablaba con Julen de cómo los pequeños detalles hacen la diferencia. Si se te atraviesa un coche, déjalo pasar, no hagas muinas, porque no arreglas nada. Efectivamente, una sonrisa, una palabra amable, una disposición generosa nos hacen más agradable la vida,los corajes la acortan. Además, hay que reirnos todos los días, empezando por nosotros mismos, generaremos endorfinas, nos sentiremos mejor y seremos más amables (en todos sentidos). Como un círculo vicioso.
Un abrazo, Itziar

Sandro dijo...

Itziar, Mariana, Arcadia, Itzel y Anónimo... No saben lo importantes que han sido sus palabras para mí el día de hoy. Escribí "Pequeños detalles" ayer antes del mediodía, en mi cubículo de la universidad. Me basé en una idea que escribí hace cuatro años. Me impresionó porque sigo pensando lo mismo, y sigo viviéndolo. Lo desarrollé y lo subí en la madrugada de hoy, que ha sido un día sumamente difícil y hasta doloroso. Bastante. Tanto es así que ya se me había olvidado lo que había escrito en "Pequeños detalles". Ustedes me lo recordaron y nada más de pensar en toda la gente buena que sostiene a este mundo, me da fuerzas para seguir adelante. Mañana me voy a Veracruz a participar en una mesa redonda sobre "El libro en la era digital". Estoy escribiendo mis ideas en este momento. Casi no podía seguir adelante, pero ahora sí. Mil gracias. Si el texto "me sale bien" (como si tuviera cerebro propio), lo pondré aquí para el lunes, ojalá que con alguna fotografía de Veracruz.

Sonic Reducer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sonic Reducer dijo...

Han sido días aciagos. Un poco de mí se ha muerto en esta semana y, sin embargo, hoy hallé esos tesoros de los que hablas, Sandro, en una librería de viejo, en la plática afable con su propietario que parece valorar más un diálogo real con sendas copas de vino que el sonido de la caja registradora. Coincido: hay que recuperar el valor de la convivencia, apagar el televisor para que no siga presidiendo la reunión familiar. Hay que leer poesía o incluso buscarla en la acera. Paso muchas horas en la oficina; de hecho, cuando llego a casa, quien arriba en realidad es un despojo, mas --lo sé-- es necesario revivir, es necesario arrancar horas al tedio, a la rutina. Quiero ducharme, tomar otra copa de vino e intentar hallar el acorde idóneo para una charla con ella en la que esté exento el desacuerdo, el reproche.
Mañana quiero salir a caminar y gozar ese aire frío y el sol tibio de otoño.
Un abrazo.

Flor dijo...

Un detalle que me gusta mucho es ver la sombra de nuestro amigable portero regando las plantas con su regadera azul de plastico, bajar las escaleras y desearnos los buenos dias. Abrir la puerta del edificio y despedirme de alguien que siempre esta sentado en nuestra puerta pero no tengo idea ni de su nombre, caminar hacia el puesto de jugos y sonreir porque aunque siempre me lo prometen nunca hay de zanahoria. Brincar entre hoyos y tablas y leer de reojo todos los titulos de los periodicos, ver los aparadores de las tiendas con las propuestas de todo lo que no me voy a comprar, pasar enfrente de Palacio Nacional y escuchar al cilindrinero, al que vende -!todavia!- titeres de madera. Saludar al poli de mi edificio, entrar a mi cubiculo, encender la compu y leer el gran detalle de la caja resonante de Sandro, ese detalle que nos hace reir, reflexionar o enojarnos, pero que nos obliga a empezar el dia de manera diferente.