lunes, 11 de junio de 2007

Arte poética

Primera estrofa del poema "Bella" de Pablo Neruda, en Los versos del capitán


Preámbulo

El lector de una obra literaria —como quien contempla una pintura, un grabado, una litografía una escultura, un edifico o una obra de teatro o danza, o como quien escucha música en cualquiera de sus formas— más que lector, escucha o espectador, es testigo de un suceso que impone su realidad sobre la cotidiana para transformarla para siempre. La palabra poesía o poema que se emplea aquí es aplicable a cualquier obra de arte.

I

Lo que escribes, cuando lo escribes, ha de ser lo que más te importa. Si para ti resulta absolutamente vital, también lo será para quien lo lee. Si lo que escribes no te es importante, mucho menos lo será para tus lectores. Mientras uno lee cualquier gran poema, ninguno más existe en el mundo porque los versos, mientras duran en nuestros sentidos, lo trascienden.

II

Ningún poema será capaz de describir el mundo ni las emociones de ningún ser humano. El poema, en lugar de describirlas, pretende provocarlas en el lector, construir un mundo en que pueda moverse como si fuera suyo, porque lo es. Evocar una realidad es volverla real mediante los sentidos. Y esta realidad, mientras la evocamos, es la única existente por extraña, desconocida o irracional que pudiera parecer cuando es contemplada desde cualquier otra.

III

A ningún poema se le puede pedir que sea otro. Existe en sus propios términos y obedece a las reglas de su propio universo. Pedirle a un soneto, por ejemplo, que suene a verso libre o a prosa es un disparate igual que exigir a un ave que cante como Plácido Domingo. Encontramos la excepción a este precepto en aquellas formas tradicionales que, en efecto, empiezan a adquirir rasgos que aparentemente no les son propios. En casos como éstos, cuando se trata de un gran poema, somos testigos de la ampliación del universo poético, pues el artista está redefiniendo las formas mismas que emplea para hacerse escuchar.

IV

Todo poeta persigue uno de dos fines en relación con las formas que maneja. O busca llevarlas a su mayor perfección o pretende transformarlas en otras porque no le son suficientes o adecuadas. En ocasiones se logran ambos propósitos aunque no de manera obvia ni superficial. Las mayores innovaciones suelen ser las menos evidentes, lo cual no impide que sean las más significativas.

V

No existen emociones triviales. Sólo puede ser trivial una obra de arte, por mal concebida o ejecutada.

VI

VI El lugar común es el peor vehículo para expresar los sentimientos y emociones que son comunes a todo ser humano. Como nadie siente con el corazón de otro, ninguna frase hecha es capaz de crear en el lector la emoción que sólo a él le va a pertenecer una vez que lea el poema en que esa emoción cobre vida.

VII

Ningún poema guarda el propósito de mostrar al ser humano como un ente moral que obra con rectitud según los mejores valores de la sociedad. Tampoco es su propósito hacer lo contrario. La belleza del poema, su valor profundo, no radica en su ética ni en sus elementos morales o decorativos; no estriba en sonidos placenteros al oído ni en imágenes que sean un bálsamo para nuestros ojos. El único deber del poeta es ser fiel a su visión del mundo y del ser humano, explorarla en toda su magnitud y complejidad.

Postfacio

Es deber del poeta dominar su oficio, su arte. Nadie escribe poesía como pasatiempo. Quien pretenda hacerlo, entonces, no escribe poesía.

2 comentarios:

Itziar dijo...

Querido Sandro:
Tus cajas de resonancia están siendo un gran gozo al leerlas (gozo implica risa, asombro, duda, reflexión...). Total, me encantan. Mil gracias.
Itziar














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Guillermo Vega Zaragoza dijo...

Hola Sandro:

Me encontré el enlace de tu blog en una lista de correo y vine a saludarte.

Saludos y un abrazo.

Guillermo Vega Z.